Situación latinoamericana

9. may., 2021

Autor: Héctor R. Morano

 

Los problemas a los que se enfrenta hoy Latinoamérica no son nuevos. En realidad derivan de su propia desorganización y no tanto de los actores externos, que sí los hay. A mi juicio, históricamente hubo una visión equivocada de los problemas y, cuando uno no acierta en el objetivo a alcanzar, todo lo que se haga será en vano.

 

Nadie puede suponer que, transcurridos los años, y estamos hablando de décadas, no pudimos resolver nuestros problemas. Algo se ha hecho mal. A mi entender se emprendió el camino de la hegemonía del pensamiento político para poder agruparse, cuando en realidad, debió priorizarse el camino económico como punto de unión.

 

Los vaivenes temporales entre derechas e izquierdas políticas sólo distrajeron el curso de acción. Tanto una como otra tendencia, no generaron cambios sustanciales que mejoraran las condiciones sociales de sus habitantes. Todo es efímero, se desvanece fácilmente. Esto pasa porque no hay fortaleza propia.

 

Históricamente se pensó en EE.UU. como el factor de poder dominante que doblegó  la independencia económica de los pueblos latinoamericanos. Esta visión de buscar un culpable bien identificado, no sirvió de nada. Se podrán dar muchos ejemplos de injerencia de EE.UU. en términos económicos y políticos, pero si así fue, es por debilidad propia. El fuerte se impone ante el débil y negocia con el par. Este es el fondo de la cuestión.

 

Remontándonos al 25/04/1945; pocos días antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, comenzaba aquella conferencia de San Francisco. Se reunieron 50 países con la intención de redactar la Carta Orgánica de la Naciones Unidas. El 24/10/1945 quedó redactado  el acta oficialmente ¿Cuál es la conclusión que se puede sacar? Que China, Francia, Unión Soviética, Reino Unido y EE.UU., intervinientes y ganadores de la guerra, ejercerían la supremacía internacional. Tal es así que, se reservaron poder de veto en el Consejo de Seguridad de esta organización.

 

¿En 76 años transcurridos cambió algo de esta hegemonía? La respuesta es: NADA. Sólo se alteraron algunos valores de fuerza entre sus componentes. La otra pregunta es: ¿El resto de los países qué hicieron? Todos aceptaron la situación, pero emprendieron un camino propio. El caso más significativo fue el de Europa, que supo armar la Unión Europea con ganadores y perdedores de aquella guerra fatal.

 

Muchos países emprendieron actos colectivos o individuales que les permitieran recomponerse y se dirigieron al camino del desarrollo. ¿Tenían el mismo pensamiento político los franceses, alemanes, italianos, españoles, británicos entre otros? NO. Se unieron para sobrevivir y generar un nuevo polo de fuerza. La fortaleza del poder siempre estuvo concentrada en la supremacía económica.

 

 

 

Latinoamérica, lejana al poder económico concentrado en el hemisferio norte y ajeno a la guerra acontecida, no comprendió, con excepciones, este nuevo orden. Hubo intentos de unión que se quedaron a mitad de camino. Digo a mitad de camino porque, aun habiéndose constituido el Mercosur, a 30 años de su creación, sus integrantes todavía no tienen bien definida la estrategia de una actuación global en común, que les permita constituir un verdadero polo de fuerza económica para sentarse a la mesa de los poderosos y negociar de igual a igual.    

 

Una Latinoamérica rica en recursos naturales, debe encarar una revolución tecnológica y no una revolución política. No se puede perder fuerza en temas que no le llevan prosperidad a la gente. Hay que direccionar el objetivo hacia el crecimiento ordenado y constante de la economía y la educación, independientemente de los representantes temporales de los países.

 

El Mercosur es una herramienta que no está funcionando como debiera, pero, es un instrumento válido como para potenciar el desarrollo. Sería recomendable ir incorporando definitivamente a países que, no siendo miembros definitivos, pertenecen a un mecanismo de consulta y concertación. Es imprescindible ampliar la base de concertación y no supeditarla sólo al libre comercio.

 

Consolidado el Mercosur, ya funcionando exitosamente, se deberían ir incorporando otros países. Se podrían ir haciendo alianzas zonales, pero pretender unir todo de un golpe no es posible ni recomendable.  

 

Hoy día vemos como China, Rusia y EE.UU. vienen acercándose más a esta zona. Es tiempo de ver nuestra estrategia como región antes que aceptar la estrategia de otro. Hay que ver que las relaciones no  impliquen una pérdida de independencia.