Cambios Parciales

4. sep., 2020

Autor: Héctor R. Morano

El mundo se rige por contratos sociales que, en su momento, fueron necesarios para poner un orden en el contexto universal. Algunas veces fueron por consensos amplios, y otras, por  consensos reducidos. Lo cierto es que, cada contrato fue diseñado en un momento histórico y  con participantes representativos de ese momento. Las reglas también obedecieron a esos mismos momentos. Pasado el tiempo todo cambia.  

 

La evolución social provoca que esos contratos entren en revisión permanente. Ni los participantes actuales y las necesidades de hoy, tienen la misma razón que tuvieron aquellos vínculos originarios.  

 

Cuando por el pasar del tiempo se consolida la internalización social de estos contratos, resulta difícil generar cambios. ¿Por qué pasa esto?  Si bien el momento histórico y los actores ya no son los mismos y se fue desvaneciendo la base argumentativa original, el acostumbramiento y el temor, juegan un papel en contra.

 

Un mundo con otro ritmo social y político, crea la necesidad de cambios, pero, sus actores pueden no tener el mismo volumen de representatividad y aceptación que los fundadores. Aquí es donde la desconfianza talla en contra. Ya no se observará el “para qué” y el “cómo” sino el “quién”. Si el “quién” no goza de consenso amplio, es muy difícil obtener cambios centrales.

 

No es fácil llegar a un momento fundacional. Se necesita voluntades firmes, desprendimientos personales y vocación de servicio. Si esto no se consigue, por las presiones de factores de poder, o por necesidad, se intentarán generar cambios parciales con algún criterio consensual.   

 

Este sistema de los cambios parciales, en algún momento, termina desvirtuando el contrato original. Pero nadie se atreve a promover un nuevo acuerdo, por temor a la crítica o al enfrentamiento con los intereses creados. Lamentablemente, se termina institucionalizando “el parche” como método de solución temporal, hasta que otro parche lo cambie o modifique.

 

Esto, que es generalizado, se agrava en nuestro país. ¿Por qué? Porque somos institucionalmente inestables. Porque cada cual quiere imprimir su propio razonamiento sin atender al otro. Falta la vocación fundacional y la creación del  “affectio societatis” de los concurrentes.

 

De este modo no se pueden producir los cambios necesarios y seguiremos soportando inequidades y privilegios, y lo que es peor, no se encaran las reformas que todos saben que hay que hacer, pero nadie se atreve.

 

Apelo a la grandeza de las almas y al enriquecimiento del razonamiento para que nuestra realidad cambie porque tuvimos la vocación de cambiar.