Toma de decisiones

Autor: Héctor R. Morano

Decisiones oportunas vs. Decisiones necesarias

La “oportunidad” es una circunstancia donde se alinean varios factores favorables para la ocurrencia de un hecho. Por supuesto, ésto interpretado de manera positiva.  Es un momento que favorece la toma de decisiones, aún cuando éstas no fueren todavía necesarias.

La “necesidad” requiere encontrarle una solución a algo. Induce a la toma de decisiones que  no pueden postergarse.

En todos los órdenes de la vida transitamos por estos conceptos. Nuestras decisiones se enmarcan en una u otra forma permanentemente. Nos suele ocurrir que, a veces, lamentamos no haber tomado, aquella decisión, en aquél momento, cuando la oportunidad nos pasó de costado.

Siempre hay diferencias de costos entre una u otra manera de decidir. Podemos llegar a tiempo o llegar tarde y esto tiene consecuencias. Si la decisión necesaria es muy tardía, se convierte en una reparación. Esto quiere decir que, hubo un daño previo, que resulta necesario reparar. El caso extremo es no tomar decisiones aún cuando sean necesarias.

 En política, estos términos tienen una vital importancia. No resulta indiferente tomar decisiones sin presión, que bajo el influjo de ella, o bien no tomarlas. Los políticos viven atentos a cada uno de estos momentos. Aún así, hay factores negativos que coadyuvan a que no ocurra lo más conveniente. Estos  factores pueden ser tanto internos como externos.

Los factores externos son los más difíciles al momento de la toma de decisiones. Si no son previsibles, estaremos enfrentados a la toma de una decisión necesaria que, por lo general, no es grato tomar. Pero, si el hecho generador era previsible y no se decidió oportunamente generar un amparo, habrá una falla política difícil de justificar. No nos olvidemos que, “justificar” no es el mejor verbo para utilizar en política.

Dentro de los factores internos se encuentran las restricciones personales y las presupuestarias. Entre las primeras se alinean: el desconocimiento, la necedad, la arrogancia, la soberbia y la falta de visión política. Entre las siguientes: las condiciones macroeconómicas y los costos materiales. Estas no generan sorpresa. Tanto unas como otras pueden neutralizarse con la apertura  hacia otros participantes que aporten opinión. El encierro en uno mismo o en un pequeño grupo, es la peor opción para la toma de decisiones. Aún cuando los aportes de los terceros no convenzan al decididor, siempre es bueno escuchar.

El político a veces es reacio a ejercer esta apertura, sea por desconfianza o temor de verse atropellado por las pasiones de otro o verse absorbido  por propuestas muy diferentes. Esto no tiene importancia cuando esté seguro de sí mismo.

Como corolario, vaya entonces mi mensaje de tratar de diseñar un camino participativo, adquirir el consenso necesario para tomar decisiones oportunas y sólo dejar librado al azar aquellas decisiones inesperadas.

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