Representación responsable

El llamado social

Autor:  Héctor R. Morano

La sociedad está pasando por una etapa de desconcierto y desesperanza. Los problemas económicos, el tratamiento de la despenalización del aborto y la desnudez de la corrupción, son elementos que  traen depresión colectiva. Ninguno de ellos aporta nada positivo para el avance de un orden social que nos ayude a salir de los problemas.

Por supuesto, la economía se lleva gran parte del malestar, en tanto la desconfianza  interna y externa en nuestro sistema organizativo, no ayuda en nada para revertir la situación.

El tratamiento de la ley del aborto, más allá de su resultado, dejó una pequeña ventana para el futuro, pero, en lo inmediato, tanto la Iglesia como el sector político  representativo, no han sido beneficados, y más aún, quedaron cuestionados por gran parte de sus mismos representados. Lo mismo pasa con el Gobierno, que no termina de ordenar la economía para que sus propias promesas se cumplan. En todo esto, la realidad es tan cruda, que no admite esperar los tiempos electorales para producir cambios que indiquen algún camino de certeza de hacia donde nos dirigimos.

Este contexto social que estamos transitando debiera ser evaluado con responsabilidad por los políticos que nos representan, por aquellos  que tienen una voz con autoridad y por los que nos administran. Es momento de sentarse a la mesa y mirándose de frente, comenzar a buscar las soluciones que el país está esperando. No es tan importante la inmediatez de la resolución de los problemas sino el consenso sobre el camino a adoptar.

Estamos en un punto de inflexión donde ya no se admite si queremos el futuro o el pasado. La sociedad está reclamando un presente responsable y un futuro alcanzable. Las promesas inciertas y los malos hábitos del pasado no ayudan para nada a ordenar el país y nos enfrentan a disyuntivas no deseables o del mal menor.

Propongo que, el sector político  en general, esté a la altura de las circunstancias y deje de lado sus apetencias y conveniencias electorales. La sociedad ya no admite una representación que no la represente.

Como dijera el prestigioso José Ortega y Gasset : ¡ Argentinos, a las cosas, a las cosas!

 

 

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