Movilización de aportes

La Fuerza del aporte

 

Autor: Héctor R. Morano

Se suele decir, que las crisis generan oportunidades. Esto ha sido comprobado a lo largo de la historia. La pregunta es: ¿Cómo canalizamos esas oportunidades? La respuesta debe relacionarse con la situación especial por la que se esté pasando y la energía que hay que desplegar para que ello ocurra.

 

Pues bien, diremos que hay que tener “motivación” para transitar el camino de los cambios. Es un detonador necesario para despertar voluntades. Sólo debemos pensar la forma de aplicación.

 

Previo a cualquier mirada técnica, hay que encontrar el centro movilizador. Es importante comenzar bien si se quieren obtener soluciones ventajosas. Aquí viene otra pregunta: ¿Quién o quienes representarán a ese motor de movilización? Respuesta que requiere un poco más de análisis.

 

El sector dirigente siempre se arroga el derecho de representar ese espacio. Esto no está mal, sólo que hay que analizar como lo desarrolla. Si adquiere una representación poco participativa tendrá un resultado. Si lo hace de manera extensiva, tendrá otro.

 

Hay preconceptos en ambos métodos. Los grupos pequeños son más ejecutivos, pero acotados en sus consideraciones. Los más grandes son más extensivos, pero pierden energía, porque son más difusos los consensos de los aportes. Entonces habrá que encontrar un camino más idóneo.

 

La manera que, a mi juicio, resulta la más conveniente, es una combinación ordenada de ambos métodos. El sector dirigente debiera prender el motor y hacer funcionar todo el engranaje de la motivación para conseguir el aporte de los sectores que conocen en detalle los problemas. ¿Cómo se hace esto?  Con un llamado a cada sector para que se canalicen aportes individuales o de pequeños grupos.

 

Para realizar esta tarea, el sector dirigente debe despojarse de posibles actitudes soberbias que los erijan en dueños de la verdad. Su rol debiera ser el de receptor y analizador de las propuestas. Ahí se supone que incidirá su capacidad técnica para elegir o descartar los aportes.

 

El sector involucrado en los problemas cotidianos es el que más sabe sobre las posibles soluciones. Es casi seguro que, en su tránsito por su lugar de desempeño, vio y vivió cosas que se pueden modificar, pero, no tuvo la oportunidad de hacerlo porque tampoco tuvo la convocatoria para que ello ocurra. Motivar a este sector es vital.

 

Las soluciones participativas son las más sólidas. Tienen consenso, que se traduce en compromiso. La propuesta elegida será la de todos, por lo que representará a todos sus participantes.

 

Traspolando este concepto a la gestión en la Administración Pública, se podrán obtener resultados interesantes. Quienes tienen un tránsito fugaz como dirigentes en ese sector, deben comprender que hay gente con vocación de aporte y no quiere que siempre se lo tilde de improductivo y acomodaticio. En todo caso, si ello ocurre, es porque no se ha sabido aprovechar su potencial. En los organismos técnicos se podrá encontrar más riqueza en los aportes y es allí donde la motivación adquiere más relevancia. En definitiva, se trata de aprovechar el potencial que está latente y proceder a su movilización.

 

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