Made in Argentina

Autor: Héctor R. Morano

Nuestro país tiene un potencial productivo enorme y por alguna razón, en términos económicos, no logramos despegar como un mercado estable, constante y de un consecuente crecimiento tecnológico acorde a ese potencial. Esto es válido tanto para el mercado interno como externo.

Gran parte de lo que nos pasa es porque perdemos energía con decisiones políticas equivocadas y malas administraciones. Es decir, nos perdemos o enredamos con lo cotidiano y no nos damos el tiempo para  programar nuestro futuro.

En cualquier plan estratégico se fija un objetivo. A partir de ello, se evalúan las fortalezas y las debilidades. Luego, se establecen los caminos a seguir para conseguir el objetivo.

Para dar un ejemplo, nuestro sector agropecuario es y ha sido un excelente productor de divisas. Pero, ¿Podemos afirmar  que se dan todas las condiciones para que ese mercado vaya en camino de la excelencia?.  En principio no me atrevería a afirmarlo.

Entiendo que la razón de nuestra desprolijidad es la falta de identidad como país productor de bienes y servicios. Nos falta el “Made in Argentina” que nos identifique.

Si volvemos al ejemplo  de la producción agropecuaria, observaremos que no alcanzamos la integridad y variedad de explotación de acuerdo a nuestro potencial y menos aún, la industrialización de productos conexos, complementarios  y derivados. Sólo en momentos de alta rentabilidad hay avances, y siempre dependiendo de la cotización del dólar. Ergo, no podemos decir que el mercado es estable y constante cuando no existe ningún lineamiento concreto para que así sea.

Siguiendo con el ejemplo,   a mi juicio, debemos orientar nuestros esfuerzos en diseñar pormenorizadamente toda la cadena productiva.  Desde la determinación de las áreas productivas, las variedades de explotación, los insumos necesarios, los bienes de capital aplicables, la tecnología, la asistencia financiera, la carga impositiva, el estudio de colocación de productos industrializados y el transporte y distribución en el país y hacia el extranjero.

En este contexto no se debe descartar que, para que el proyecto tenga éxito, habrá que tener un dominio de los eslabones de dicha cadena, porque, cada variable no dominada afecta al conjunto. Dicho ésto, si nos remitimos a lo que sobre costos informa la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo Argentino (F.A.D.A.), tenemos que para la producción de soja la proporción de los costos en dólares es de 59%, en tanto que para el maíz y el trigo son del 62% y 55% respectivamente. O sea, los mayores costos de producción están dolarizados, aún cuando existen en el  país empresas productoras de semillas, fertilizantes y agroquímicos.

Resulta obvio que la estabilidad de la moneda es un factor preponderante. Aún así, no es el único. Hay que rever esos costos dolarizados y crear una eficiente cadena de competencia para relativizar su influencia. El Estado debe prestar atención y promover a toda empresa que se establezca en el país para evitar la cartelización de esos insumos.

El ejemplo señalado se lo menciona por su representatividad en el Producto Bruto Interno (PBI). Existen otros productos que nos pueden identificar y otros que potencialmente  lo podrán hacer, como el caso del Litio. En este caso, por ser incipiente, no se debiera dejar librado a un crecimiento desordenado de extracción, tratamiento y comercialización. Si el país tiene este elemento, debiera generar toda una cadena productiva a su alrededor que, con eficiencia, pueda aportar buenos negocios y, por supuesto, ocupar mano de obra nacional. Esto también es válido para toda la industria minera.

En definitiva, si somos productores debemos cuidar toda la cadena productiva, ser eficientes, tecnológicamente avanzados y con costos competitivos. Si somos buenos en lo que hacemos tendremos identidad y generaremos inversiones y más trabajo.

No se trata de una economía planificada desde el Estado sino una orientación que el Estado debe garantizar en el tiempo para dar trabajo, incentivar la creación de nueva tecnología y fortalecer la mejor distribución de la riqueza y, por qué no, mejorar sus propias finanzas.

Estas cosas son las que deben observar las fuerzas políticas y ponerse de acuerdo para que así sea.

 

 

 

¡Hola!
Prueba y crea tu propia página web,
es fácil y gratis.
ANUNCIO