Disminución de La Pobreza

 

Autor: Roberto Pagano

La cantidad de personas bajo la línea de la pobreza en Argentina en la 2º década del siglo XX ronda un tercio de su población, esto es alrededor de 12 millones de personas.

Con respecto a esto hay algo que ningún político se atreve a decir: la pobreza no va a disminuir en mucho tiempo si antes no se hacen profundas reformas sociales y culturales.

¿Cómo afrontar el problema de la pobreza en la Argentina? ¿Cómo realizar un diagnóstico correcto para proponer una solución adecuada a largo plazo?

Ante todo, al analizar las causas de la pobreza, se debe evitar el sentimentalismo. Hay que ir a los hechos puros y duros, y a los números.

1- La pobreza se propaga porque los pobres se reproducen. Reproducirse en la pobreza y en condiciones de desempleo durante generaciones hace que exista una “cultura de la pobreza” y que los pobres hayan naturalizado esta situación.

2- La estructura productiva del país no tiene las condiciones para ofrecer empleo de calidad y en blanco para millones de personas más. El empresario no quiere invertir y no lo va a hacer si la situación no lo favorece. No podemos esperar grandeza y sensibilidad social de la clase empresarial, ya sea local o extranjera, sencillamente porque no existe, no está en sus genes.

¿Cuáles han sido las soluciones que han propuesto los diferentes gobiernos a esta situación histórica de la República Argentina?

1- El “populismo” (entre comillas). Cuando las políticas de inclusión social no son suficientes para combatir el desempleo y la pobreza, la solución clásica ha sido el asistencialismo estatal, ya sea dando ayuda directa u ofreciendo puestos de trabajo en el aparato estatal. Si bien estas medidas ayudan a contener la situación de violencia social durante un tiempo, no son sostenibles a largo plazo.

2- El “liberalismo” (también entre comillas). Establecer las condiciones legales y económicas para que vengan inversiones y generen empleo de calidad. Esta clásica receta tampoco ha dado resultados para disminuir la pobreza de manera significativa. Puede funcionar para algunos sectores sociales, pero no ha logrado reducir la pobreza en la Argentina. Es más, ha acrecentado la brecha social entre las distintas clases sociales, y la única manera de que funcione este modelo es con represión social de los sectores desfavorecidos y entregando la soberanía del país.

En resumen: ambas experiencias han fracasado.

Ahora analicemos la situación histórica y social que nos ha llevado a esta situación. Dos grandes corrientes culturales e históricas han dominado la Argentina desde el momento de su independencia: una corriente católica, y una corriente masónica. Podemos decir a grandes rasgos que detrás del “populismo” está el modelo colonial hispánico-católico junto a su hijo bastardo y no deseado: el peronismo. Y detrás de la corriente “masónica-liberal” están los grandes grupos económicos, ligados a la timba financiera internacional y

apátrida, junto con sus personeros locales: políticos, periodistas y sectores del poder judicial.

Si aceptamos que la reproducción de la pobreza existe porque sectores sociales que no pueden salir de su situación se siguen reproduciendo, y que nadie piensa sacarlos de allí, ya que el populismo necesita pobres para hacer asistencialismo, y el liberalismo necesita pobres para tener mano de obra barata y sumisa, entonces no nos queda otra que analizar la cuestión del control reproductivo.

Y aquí es donde viene lo políticamente incorrecto. ¿Cuáles han sido las soluciones clásicas que han pensado otros países? Naturalmente muchos dirán: el maltusianismo. Terrible y mala palabra para muchos. El maltusianismo clásico apuntaba a promover la represión sexual, la castidad, guerras, hambrunas y epidemias para reducir la pobreza. Esta es la solución nazi que no queremos para nuestro país.

¿Y qué dice el “neo-malthusianismo”?

“Para el neomalthusianismo el problema es el exceso de familias numerosas y la reproducción ilimitada de las clases pobres que les condena a la miseria. Para su solución, proponen la toma de conciencia social e individual de la necesidad de la procreación limitada o procreación consciente del proletariado, la separación entre sexualidad y reproducción, la defensa de la maternidad libre, la liberación femenina, la libertad sexual, la promoción de la planificación familiar, el cuidado de los niños así como el uso y difusión de métodos anticonceptivos artificiales.” Fuente: Wikipedia

Ahora bien, el control de la reproducción en las clases inferiores tiene dos grandes enemigos anteriormente mencionados: el catolicismo y el pensamiento liberal. ¿Por qué? Veamos:

1- El catolicismo. La Iglesia tradicionalmente se opuso al control de la natalidad. Incluso condena el uso de preservativos como método de prevención de enfermedades. El catolicismo necesita que la gente pobre e ignorante se reproduzca, ya que éstos son más evangelizables y la Iglesia tiene así más corderos para su rebaño y puede exigir así más recursos del Estado para hacer su asistencialismo. A las personas cultas y de sectores sociales más favorecidos no les alcanza con los misterios y explicaciones que ofrece la cosmovisión del dogma católico: necesitan algo más refinado, por eso suelen explorar en las artes y en otras creencias y filosofías alternativas o no tradicionales un alimento espiritual de otro nivel. Éste es el mismo fenómeno que ocurre con el hijo no deseado y secular de la Iglesia: el peronismo. Cuando los obreros lograban llegar a la clase media, se olvidaban de los valores y beneficios sociales que habían tenido como clase trabajadora. Éste es un fenómeno natural: la Iglesia y el peronismo no les brindan respuesta suficiente a sus nuevas necesidades. Por otra parte, si bien la doctrina social de la Iglesia aporta muchísimos elementos de valor, la Iglesia durante siglos, y en su conjunto, no ha hecho nada concreto para sacar a grandes sectores sociales de la pobreza, salvo honrosos casos aislados. Es más, quien sí lo ha hecho es su más acérrimo enemigo: el liberalismo. La “opción por los pobres” que tanto pregona la Iglesia no es un remedio que la Iglesia propone a los abusos del “malvado liberalismo”, sino que le es funcional, porque el cristianismo florece en la pobreza.

2- El liberalismo. Aquí la explicación es mucho más sencilla. Cuanto más pobres, más oferta de mano de obra barata y esclavizable, y por lo tango mayor margen de ganancia. Así de simple. Así de crudo. Así de brutal.

Planteado las causas de la pobreza y sus dos principales promotores ¿cuál podría ser la solución a largo plazo para un país como la Argentina?

1- Control reproductivo para reducir la reproducción de pobres.

2- Educación para que los sectores menos favorecidos puedan acceder a puestos de trabajo de calidad, o incluso para que puedan generar emprendimientos propios.

Control reproductivo y educación, he aquí las claves de la disminución de la pobreza. Control reproductivo, no implica cohersión reproductiva. Control reproductivo implica en educar a los sectores más vulnerables de que pueden disfrutar del sexo sin necesidad de procrear, y que también aprendan y pongan en práctica la idea de que si tienen menor cantidad de hijos podrán ofrecerle una calidad de vida mejor. He aquí una enorme tarea social que es preciso desarrollar sin prejuicios dogmáticos y sin necesidad de apelar a curas villeros o tercermundistas para que emprendan esta tarea, sino que es preferible encomendar esta tarea a antropólogos, sociólogos y otros cientistas sociales. Junto con esto habría que agregarle la educación en oficios de todo tipo. Claro que para esto se requiere una participación activa y “agresiva” (en el buen sentido de la palabra) por parte del Estado. Los distintos movimientos sociales organizados (movimiento Evita, etc.) podrían ser los que implementen esta tarea, controlados por supuesto por el Ministerio respectivo del Gobierno Nacional.

¿De dónde sacar los recursos? Del presupuesto. ¿Quién se opondría a esta tarea? La Iglesia Católica y la clase empresarial. Urge pues modificar el art.2 de la Constitución Nacional para dejar de ser un Estado Clerical y convertirnos así en una verdadera República moderna del siglo XXI. Si los católicos quieren sostener a la Iglesia que lo hagan por voluntad propia y con sus propios aportes, no con los impuestos del conjunto de la ciudadanía.

En resumen: Encarar la vieja y postergada tarea de separar la Iglesia del Estado para colocar los cimientos y dar oportunidad así al nacimiento de una verdadera República laica, moderna y democrática orientada a elevar la calidad de vida de los sectores históricamente más postergados.

Epílogo – Breve resumen de la relación entre Iglesia y Estado en Argentina.

Con la Revolución de mayo de 1810 y la independencia declarada en 1816 la Argentina toma los valores laicos de la Revolución Francesa y se pone a la vanguardia de los movimientos independentistas de América llevando los valores del liberalismo económico y anticlerical.

Al fracasar este modelo liberal de alianza con el Imperio Británico, liderado por Rivadavia, éste se ve forzado a renunciar presionado por las provincias del interior hacia 1827. Rivadavia le había quitado muchos beneficios a la Iglesia Católica en la Argentina.

En 1829 asume Rosas, en calidad de “Restaurador”. Esto es, restaurador de las políticas económicas y religiosas de la colonia española, pero sin los españoles. Entre 1829 y 1852 son años en donde vuelve a gobernar el país la “corriente hispánica”.

En 1852 Rosas es vencido y derrocado por Urquiza en la batalla de Caseros, iniciándose así el nuevo período “masónico-liberal” que duraría hasta 1943.

Entre 1930 y 1943 la Iglesia Católica se ocupó de evangelizar a las Fuerzas Armadas, dando así el golpe clerical-militar de 1943, del cual luego surgiría el peronismo. Desde esta fecha la Iglesia Católica tomó el poder en la Argentina y nunca lo perdió. Las diferentes facciones que pelean hoy en día son básicamente una interna católica, que podemos agruparlas groseramente en dos sectores: el Opus Dei, asociado al capital financiero, y la Teología de la Liberación, asociada con el populismo y con los movimientos de liberación latinoamericanos. Tal es la situación hoy en día.

Contexto internacional:

El siglo XIX fue el siglo del liberalismo británico y la época de mayor crecimiento y progreso en la historia de la humanidad. Tal es así que muchos precedían que la Iglesia Católica desaparecería en el siglo XX. Pero éste siglo dio surgimiento justamente al Papa más longevo en el trono y el más importante en la historia de la Iglesia: Pio IX.

Pio IX emprendió una cruzada global y a largo plazo contra el laicismo secular y el liberalismo económico, dando origen así a la Doctrina Social de la Iglesia. Luego de la 1º guerra mundial, con el fracaso del liberalismo y de sus potencias, la Iglesia Católica vio la oportunidad de recuperar el terreno perdido. En este contexto surgen el fascismo y el nazismo en Europa, movimientos claramente antiliberales.

En 1925 el Papa Pío XI redacta la encíclica “Cristo Rey” en la cual insta y ordena una avanzada católica en todos los frentes y los puestos de poder de las instituciones democráticas liberales. De estas directrices papales surgen la Acción Católica y otros grupos religiosos, tales como el Opus Dei en España. La crisis económica de 1929 parecía otro punto a favor de la causa católica, tal es así que en 1930 se produce el primer golpe de estado en la historia de la democracia argentina, mediante una alianza entre el ejército y el clero.

La Argentina siempre fue vista por Roma como la punta de lanza de la avanzada católica en todo el continente americano, especialmente para contener al imperialismo angloamericano. En este contexto surgió el golpe clerical-militar de 1943, y su hijo no deseado: el peronismo.

La elección de un Papa argentino en 2013 no hace más que confirmar estos hechos.

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