Compensaciones del Estado

Compensaciones y Subsidios

Autor. Héctor R. Morano

 

El mundo de las compensaciones está inserto en el universo de la injusticia, la falta de equidad y desigualdad. No hay razón para compensar si antes no se hubiera causado un daño.

 

 

 

¿Qué se pretende al querer compensar? Evidentemente tiene el propósito de la reparación. El tema es que a veces la reparación es exigua. Si definimos la compensación como “Igualar en sentido opuesto” veremos que en la mayoría de los casos no se alcanza ese objetivo. El sólo hecho de querer compensar es un mal inicio a la solución de los problemas.

 

Vayan ejemplos cotidianos y de conocimiento general:

 

1)      Las jubilaciones son bajas, entonces se subsidian los remedios, accesos a algunos lugares públicos, viajes en el transporte público, intereses de créditos económicos, etc.

 

2)      No hay trabajo, entonces se crean subsidios mediante la aplicación de  planes sociales.

 

3)       Las tarifas de servicios públicos son onerosas y afectan a la economía familiar. Aquí también se crean subsidios,

 

 

 

Estas “Compensaciones”, transformadas en subsidios, nacen con un buen propósito, pero a destiempo, y al perdurar, dejan de tener el efecto deseado. Se transforman en institutos autónomos sin capacidad de solucionar los temas de base.

 

 

 

Las compensaciones atentan contra la solución de los problemas. Sólo trasladan en el tiempo las decisiones que se deberían haber tomado.

 

 

 

Estas compensaciones, transformadas en subsidios, tienen, por donde se las observen, efectos nocivos.  Desde el punto de vista social, proveen de indignidad a quienes las reciben, porque en la mayoría de los casos estos subsidios son interpretados como un beneficio por quien los otorga, cuando en realidad son recibidos con pesar por los compensados, que pretenden tener la autosuficiencia de manejar sus propios y justos recursos.

 

Desde el punto de vista administrativo, se genera un costo innecesario. El sólo hecho de crear un registro de beneficiarios,  mantenerlo actualizado y establecer un circuito de pagos, es por sí mismo un despropósito. Si en el medio se genera corrupción, se completa la falta de mérito del sistema. El sólo hecho de pensar la cantidad de gente que hay en el Estado para este menester, resulta inadmisible ante el enfrentamiento con la razonabilidad.

 

 El mérito del buen administrador será el de generar las soluciones a los problemas de base. ¿Cuesta un esfuerzo importante? SI. ¿Es necesario? SI. En algún momento hay que emprenderlo. La sociedad queda a la espera.

 

 

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