Pago de la deuda

18. nov., 2019

ENCAPSULAR LA DEUDA PÚBLICA


Autor
: Hèctor R. Morano

La deuda pública es, quizá, el primer escollo que deben sortear el próximo gobierno nacional y los provinciales. A ambos vayan estas consideraciones.

 

Desde el Estado  es más fácil echar mano a recursos impositivos para solventar las erogaciones de los compromisos contraídos. Esta es la primera tentación. Pero si nos quedamos sólo con este concepto, podemos estar perjudicando nuestra situación global.

 

Supongamos que, un particular cualquiera, tiene un ingreso mensual por su salario, que lo consume totalmente en sus necesidades primarias irrenunciables. A la vez, tiene una deuda que no puede pagar con dicho ingreso. ¿Qué hace?. Él no puede trasladarle el problema a otro. Tampoco puede postergar la deuda porque agravaría su situación generando más deuda. Sólo le queda una cosa: Generar otro ingreso. Pues bien, de eso se trata esta propuesta. 

 

Para que se cumpla la condición señalada, resultará conveniente “encapsular” la deuda contraída y asignar el nuevo ingreso a su pago. Si el ingreso supera al pago de los compromisos, será bienvenido.

 

Cuando trasladamos este ejemplo al contexto del Estado, no se suele ver tan claro. Todo por aquello del camino fácil de aumentar los impuestos. Ésta, decididamente no parece ser la mejor alternativa.

 

Si se aumentan los impuestos se estará trasladando ingresos y no generándolos. Es decir, se le cobra a un tributario, que disminuye su ingreso para trasladárselo al Estado. Esta es una fórmula de resultado “0”. Además, el aportante tributario disminuirá sus ingresos y ello repercutirá en su consumo e inversión. En conclusión, se agrava la situación global tanto del particular como del Estado, porque también este último verá disminuido su ingreso por el impuesto perdido derivado del  menor consumo del particular.

 

¿Entonces qué hacemos? Lo que debemos hacer es dar paso a la imaginación para crear nuevos ingresos y tener la audacia para aplicar las medidas necesarias.

 

Para estas decisiones hay que tener presente siempre el concepto del “mal menor”. En principio, el pago de la deuda, aún en condiciones normales no exigible, representa un cargo que el Estado substrae de su presupuesto para poder cumplir su rol. Ahí es donde se genera el mal mayor. El Estado, de bajo presupuesto, disminuye la calidad de sus prestaciones y afecta a toda la sociedad que representa.

 

El mal menor estaría representado por la creación de un nuevo ingreso con beneficios fiscales bien marcados, que se torne casi irresistible para nuevas inversiones. Dándose estas condiciones, el Estado podrá obtener nuevos ingresos, menores a los acostumbrados por el resto de la economía, pero genuinos para pagar la deuda. Adicionalmente, se generará un mayor crecimiento económico debido a que las nuevas inversiones tendrán impacto indirecto sobre la economía global.

 

En conclusión, la idea es “encapsular” la deuda y asignarle un recurso equivalente nuevo. El resultado final beneficiará a todos por igual.