Idoneidad en los puestos públicos

Autor: Héctor Roberto Morano

 


La idoneidad, revela a alguien conveniente, apto, capaz, útil, apropiado, adecuado, que tiene ciertas condiciones para desempeñar determinados cargos o funciones o realizar determinadas obras.

 

Entendido este concepto, supongamos que queremos crear una organización para un fin determinado, cuyo objeto puede ser variado. Seguramente cuando tengamos que seleccionar los cuadros de gestión elegiremos a los más aptos para los distintos cargos dentro de la organización. Esto es, a los más idóneos.

 

Llevado esto a cualquier ámbito, se supone que los más aptos y capacitados son los que mejor ayudarán a conseguir el objetivo buscado. De esta manera se entiende que, un centro educativo debe estar compuesto por idóneos en educación, un taller mecánico por especialistas en mecánica y un centro de asistencia medicinal por médicos.

 

La idoneidad como único elemento de una gestión no garantiza el éxito. Conceptos como dedicación, experiencia, voluntad, criterio personal y hasta aptitud física, serán también complementarios. No obstante, si no hay idoneidad, los otros elementos van perdiendo peso específico. Por supuesto que siempre hay excepciones notables a esta regla.

 

Las empresas suelen emplear sistemas de evaluación para el ingreso del personal, aun siendo éstas de pequeña envergadura o de mayor alcance económico. Es un hecho normal y habitual.

 

Cuando la idoneidad debe ser calificada por estudios previos, existen certificaciones de organismos oficiales que se encargan de ello. También existen agrupaciones de profesionales que permanentemente ofrecen cursos de capacitación para mantener actualizados sus conocimientos.

 

Es muy raro que alguien elija para un cargo importante a una persona no capacitada para el mismo. De elegirse a una persona no idónea indica la falta de compromiso del elector con el objeto de su organización.

 

Recordemos a aquellos transcendentes maestros del Renacimiento, que preparaban a sus discípulos en sus variadas disciplinas. Era una manera de certificar idoneidad.

 

Cuando nos extendemos en este concepto y lo llevamos a la organización nacional, observamos que hay ámbitos donde este requisito aparece con fuerza y en otros no.

Para dar un ejemplo, el Poder Judicial, para sus jerarquías superiores, no admite otra cosa que abogados. Lo mismo sucede con la Policía, donde se dan cursos previos habilitantes. En cambio, para ser ministro de gobierno no hay requisitos de idoneidad específica.

 

Aquí se da una paradoja, más alta e importante es la organización y menores son los requisitos de idoneidad.

Sin embargo, nuestra Carta Magna prevé este concepto en el Artículo 16 cuando dice:

 

“La nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos los habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”.

 

Si bien este artículo está en el contexto de Declaraciones, Derechos y Garantías que son de sentido individual, dice que para ser admitido en un empleo hay que tener la condición de idoneidad.

 

Cuando  la misma Carta Magna menciona los atributos para ejercer los cargos electivos, no menciona la “idoneidad” como requisito, ni siquiera para el Presidente de la República. Es de suponer que, los puestos de carácter electivo devienen de  una evaluación masiva por una inmensa masa de electores. Y obviamente, subyace la no discriminación a las minorías no calificadas.

 

Aceptado este criterio constitucional, no es trasladable a los puestos no electivos,  donde se trata de empleo público. Aquí volvemos a lo prescripto en el Art. 16 y debe prevalecer la idoneidad y no la relación política y el criterio arbitrario del seleccionador.

 

En este sentido nos podemos encontrar que un Ministro de Defensa puede ejercer el cargo sin tener conocimientos previos sobre el funcionamiento de la Fuerzas Armadas. También sucede que un Ministro de Relaciones Exteriores y Culto tampoco tenga una preparación técnica en la materia. Desde ya, se puede nombrar embajadores que no tengan formación en el Servicio Exterior. Hasta un Ministro de Salud puede no ser médico.

 

Así se dan las condiciones según nuestra organización nacional. La pregunta es: ¿Está bien?

 

Si nos basamos en el análisis previo sobre la idea de una mejor organización, lo que sucede parecería que no es lo más conveniente. Ministros sin conocimientos específicos organizando y supervisando a cuerpos altamente capacitados en sus actividades, deja un sabor a que algo está mal diseñado.

 

 Si para ser Director técnico de Futbol es necesario hacer un curso de formación, por qué no sería aplicable a ministros y funcionarios públicos en cuyas manos están los mayores intereses de la Nación.

 

Propuesta

Se sugiere agregar a la Ley 23.298 que rige la actividad de los partidos políticos, un capítulo sobre Escuela de Gobierno, donde se compromete a los mismos a capacitar a sus próximos dirigentes en todas las actividades del Estado. De esta forma, cuando dicho partido asume el poder de administración del Estado, lo hace con la mayor preparación.

 

Esta escuela partidaria debiera tener una parte estrictamente técnica, que puede ponerla a disposición y evaluación el propio Estado y otra, que sea de orientación partidaria según los principios básicos de cada partido.

 

Gobernar con los más preparados será un beneficio para todos y eliminará la liberalidad de utilizar al Estado como colocador de puestos políticos.

 

 

 

 

 

   

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