El después de la pandemia

27. abr., 2020

 

Autor: Héctor R. Morano

 

Imbuidos en la vorágine de la pandemia, no tenemos tiempo de pensar en el día después. Por ello, trataré de presentar algunos factores que, a mi juicio, serán los que determinarán los futuros senderos sociales y económicos.

 

Para adentrarnos en el análisis, debemos observar donde la pandemia está haciendo más daño. Inevitablemente, en primera instancia,  nuestra atención se centra en Europa y luego en Estados Unidos de América. Sobre China puede haber controversia sobre la verdadera influencia del virus, que nació en esa misma región y sorprende la poca evolución que se informa. El resto de los países asiáticos parece que tienen un control sobre el desarrollo de la expansión viral, pero aún deben extremar los cuidados al respecto. Los estados donde el régimen democrático está más acotado, quizá por razones políticas, suelen informar menos o se conoce menos al respecto, Rusia e Irán pueden ser un ejemplo.

 

Si bien el hemisferio norte hasta ahora es el más afectado,  no podemos obviar que el hemisferio sur ya está alcanzado por la expansión viral. África y Latinoaméríca merecen un análisis particular.

 

Es bien sabido que, el hemisferio norte tiene una preeminencia bien marcada sobre el hemisferio sur en materia recursos para enfrentar situaciones extremas como las que se viven. La historia de guerras y desuniones los obligó a tener organizaciones más sólidas y su concentración económica y financiera muestra una evidente supremacía. El hemisferio sur, salvo excepciones como en Oceanía, no tiene organizaciones tan sólidas y su importancia económica y financiera está lejos de la que ostenta el  hemisferio norte.

 

El Norte ya puso todos sus recursos financieros y tecnológicos para el desarrollo de vacunas y es casi seguro que, en poco tiempo tengan éxito. Esto les asegurará emprender el camino de la  recomposición social y económica. En tanto, el SUR, si bien hasta ahora goza de una ventaja temporal en la llegada del virus, de no alcanzar a acceder en corto tiempo a una vacuna que mitigue la pandemia, tendrá consecuencias sociales y económicas inconmensurables.

 

En este contexto, no se puede obviar una observación sobre los factores económicos y financieros que emergen de la crisis. De su análisis surgirá un nuevo posible estadio mundial.

 

 Comenzando por los financieros, queda claro que, a esta altura de los acontecimientos, la circulación global de dinero se ha expandido producto de que los estados han volcado recursos a las necesidades sociales y médico – tecnológicas. Cuando comience a activarse el consumo habrá, seguramente, un proceso inflacionario en ciernes. Ese dinero comenzará a tener un alto flujo y, como siempre, por su agilidad de  movimientos, el sector financiero será el primero en recomponerse y beneficiarse. Este panorama evolutivo comenzará por el  Norte,  porque recién recompuesto éste, ya con más tiempo y selectivamente, el Sur podrá ir hacia una serena reactivación, pero sus diferencias con el Norte serán más notorias.

 

El Norte necesitará recomponer sus industrias y servicios, por lo tanto, el dinero en circulación irá a atender sus necesidades. El Sur quedará rezagado en su crecimiento y se verá expuesto al avance de los capitales del Norte. Es cuestión de tiempo.

 

En este proceso de recomposición habrá una pérdida del salario real. La actual desocupación se verá afectada por una baja retribución del sector del trabajo, hasta que se vuelva al punto de equilibrio. Esto llevará tiempo y obviamente, primero emergerá el Norte. El Sur volverá a quedar en la fila de los demorados, con el agravante de que ya venía en un bajo nivel a ese respecto.

 

En cuanto a lo social, siempre las muertes dejan huellas profundas. Cada país se verá en la necesidad de readecuar sus estructuras médico asistenciales, porque este fenómeno puede volver a ocurrir. Recuérdese las hambrunas que produjeron las guerras en Europa y la defensa y protección que hace la Unión Europea a su sector de producción primaria de alimentos. Aprendieron la lección, no quieren volver a  pasar por lo mismo.

 

En el Sur el tema es más complejo. Se parte de una base muy baja de protección social y será difícil destinar más recursos porque su actividad productiva  no despegará hasta pasado algún tiempo. Se supone que habrá un avance de los sistemas privados de salud porque los estados tendrán menos recaudación impositiva.

 

Nuestro país, en una situación de endeblez financiera, deberá reacomodarse a este nuevo contexto y, para ello, se verá en la necesidad de  hacer un replanteo profundo de todas sus actividades, tanto públicas como privadas.

 

Seguramente habrá un debate para rever el rol del Estado, que en circunstancias como las actuales, se transformó en el centro ejecutor de las medidas sanitarias, económicas y sociales. El tema pasa  por tener un sistema de protección permanente y una especie de seguro para emergencias. Este replanteo y su resultado deben ser muy profundos y de amplio consenso, porque al rediseñar la estructura del Estado no se podrán soslayar las necesidades de financiación.

 

Este es un debate de vital importancia, que requiere desprenderse de viejos preceptos políticos que impregnaron nuestra historia. La dicotomía entre privatistas y estatistas deberá ser replanteada e ir hacia un Estado eficiente y un sector privado, también eficiente, que pueda proveer de los recursos para que todo se desarrolle en perfecto equilibrio. Lo que no puede haber es un Estado que gaste descontroladamente y un sector privado que no pueda satisfacer la financiación de esos gastos por vía de la recaudación impositiva.

 

No debemos echar mano a recursos fáciles y de escaso efecto económico, estamos en una situación muy seria y hay que pensar en soluciones a largo plazo. Alguno puede sugerir, y ya se lo está haciendo, que parte del costo que el Estado invirtió en la pandemia la deben pagar los ricos. Esto, a primera vista parece justo, pero si analizamos su efecto económico veremos que no es más que un romanticismo digno de Robin de Loxley, allá en el bosque de Sherwood. Para los que piensan de tal modo, debo advertirles que sólo se trata de una obra literaria de autor desconocido.

 

 

 

 

¿Por qué digo esto sobre un impuesto a los ricos? ¿Me olvido que muchos de esos ricos crearon parte de sus riquezas a la luz de algunos actos de corrupción o evasión impositiva?. Nada de eso. No podemos en este momento hacer un replanteo histórico sobre el origen de la riqueza, porque encontraríamos complicidades en el sector político que nos enredaría y no pondría claridad a nuestras soluciones. Lo que digo es que, sería un impuesto que no sirve a los propósitos de nuestras posibles alternativas de solución.

 

El impuesto a la riqueza por única vez, es eso, se agota en un solo acto. No tiene permanencia en el tiempo. A su vez, quiérase o no, a sus posibles tributarios los vamos a necesitar para recomponer la estructura productiva. Debemos pensar que nuestras necesidades no son sólo recaudar un impuesto en un momento sino que, debemos dar trabajo, activar nuestras industrias y servicios, y a partir de ello recaudar más.

 

Si pensamos en el contexto internacional que se delineó anteriormente y a ello le sumamos nuestras restricciones financieras producto del endeudamiento, nos vemos en la necesidad de establecer un esquema de crecimiento muy activo. No nos queda otra salida.

 

La meta es atraer capitales para la inversión. Será necesario dar ventajas impositivas para quienes inviertan, no nos podemos olvidar que entraremos en competencia con el Norte sobre la atracción de capitales. La única condición es el correcto direccionamiento de la inversión. Para ello, a priori, se deben establecer los nichos productivos que nos hagan más solventes en el tiempo y nos otorguen autonomía en nuestro sector productivo.

 

Uno de los problemas que tenemos es que nuestra producción siempre termina con costos bimonetarios. Cualquier variación en la tasa de cambio se traslada inmediatamente a los costos. Debemos revisar esta composición y hacer inversiones en los sectores que disminuyan la influencia externa. Esto no quiere decir que debemos cerrarnos al mercado externo, quiere decir que debemos defender todo el circuito productivo de nuestros productos tradicionales. Un ejemplo se da en el sector agrícola, donde la tasa de composición de costos en dólares es alta.

 

Por otro lado se debe promover también la correcta financiación  y distribución de nuestros productos tradicionales.  Cualquier empresa en el mundo tiene los preceptos de financiación-producción-distribución como el ABC  de su existencia. No es de mi agrado hacer nombres pero debo hacerlo para que se entienda. La empresa “Mercado Libre” tiene atado el producto con la financiación y la distribución, un esquema simple y exitoso que logró expandirse por toda Latinoamérica.

 

Por último quiero advertir que, estamos en un momento histórico para revertir nuestros peores antecedentes. Es una realidad difícil, pero de estos momentos límite son donde surgen las grandes soluciones, no debemos desaprovecharlo.