El desencuentro

Autor: Héctor R. Morano

Definir como “grietaa la antinomia política que evidencia gran parte de la sociedad, es alegórico y nutre pasiones, pero no representa la profundidad de nuestros problemas. Perdemos energía en estas cuestiones nimias como si fueran  de importancia superlativa. Se pretende ser ganador de un pensamiento, sin saber a ciencia cierta si ese pensamiento es lo que necesitamos para mejorarnos colectivamente.

El enfrentamiento no nos deja pensar. Ese es el problema principal. No definimos nuestro objetivo de país posible. No somos capaces de proyectar  una evolución en el tiempo.

Lamentablemente, nuestra comodidad, nos lleva a pensar que un líder carismático nos llevará por el sendero del éxito. Depositamos en una persona o grupo sectario toda la confianza para que nos guíe hacia el triunfo final. Nada más alejado de lo que necesitamos y nada más dañino a nuestros sueños de prosperidad.

Este es un diagnóstico que puede no gustarnos, aunque refleja la permanencia de nuestros males. Nos falta organización social y no es que la mayoría no la quiera, nos terminamos apegando a propuestas que se alejan de nuestro sentido profundo y todo termina diluyéndose en un sinfín de pequeños objetivos sectoriales de baja satisfacción general.

¿Cómo superamos éste, nuestro gran problema? Trataré de esbozar algunas ideas  que puedan llevarnos a la reflexión.  Lo haré con preguntas básicas, cuyas respuestas deberemos exigirles a nuestros gobernantes o candidatos a serlo, con participaciópn de toda la sociedad. Más adelante intentaré algunas propuestas.

  1. ¿Cómo estamos posicionados geopolíticamente respecto del resto de los paises?
  2. ¿Qué ventajas o desventajas comparativas tenemos?
  3. ¿Cómo fortalecemos nuestras ventajas y minimizamos nuestras desventajas?
  4. ¿Cómo incide nuestra escasa población en un país extenso?
  5. ¿Qué produciremos y cuánto trabajo podremos dar?
  6. ¿Cuál va a ser el rol del Estado en el proceso evolutivo?
  7. ¿Cuál y cómo va a ser nuestra organización social?

Como se verá, no son respuestas que puedan provenir de una facción política. La sociedad debe participar en su conjunto y definir por amplia mayoría el camino a seguir. Cuando digo “La sociedad” estoy diciendo participación y consenso. Aún los disensos bien argumentados nos servirán a echar luz a las nuevas ideas. Claro está que, si a algún trasnochado se le ocurre hacer un llamado popular con consignas partidarias estaríamos en el peor de los escenarios.

La sociedad tiene organizaciones intermedias que las agrupan por actividad y bien podrían ser partícipes de debates para el establecimiento de objetivos. Agrupaciones empresariales, sindicatos, entidades religiosas, sanitaristas, colegios de profesionales, científicos, educadores, diplomáticos, fuerzas armadas y especialistas  en seguridad, entre tantos otros, podrían aportar sus puntos de vista  para crear una sociedad mejor. 

No debemos temer al debate aún cuando el consenso final resulte insatisfactorio a nuestro pensamiento adentrado con el correr de los años.  En definitiva, si llegamos hasta acá, es porque no supimos ponernos de acuerdo en hacer las cosas bien. Eso sí, debemos darnos un tiempo pero no todo el tiempo. Hay que poner  plazos de ejecución  y finalización de propuestas finales y si es posible, materializarlas mediante acuerdos y hasta leyes si fuere necesario.

Para dar algunas propuestas respecto de las preguntas planteadas lo haré en el mismo orden que fueron expuestas:

  1. Nuestra ubicación geográfica (sur-sur) nos pone lejos del resto de los países centrales y estamos cerca de una Latinoamérica, que no termina de emerger como polo productivo.

Tenemos distancia considerable con Africa y Oceanía (Océano Atlántico de por medio) y nos encontramos muy distantes de Asia (Sin salida directa al Océano Pacífico).

A las dificultades de lejanía que se evidencia en nuestra posición en el mundo, debemos adicionarle datos sobre la población global, que a la postre, pueden ser potenciales consumidores de nuestra producción. Seguidamnete se exponen estos datos que provienen de la ONU con cierta proyección estimada en la actualidad:

 

UBICACIÓN

POBLACIÓN

ASIA

4.500.000.000

AFRICA

1.275.000.000

EUROPA

750.000.000

ESTADOS UNIDOS

327.000.000

CANADÁ

37.000.000

OCEANÍA

40.000.000

BRASIL

208.000.000

MÉXICO

132.000.000

AMÉRICA (Resto)

296.000.000

 

 De este cuadro surgen datos interesantes. La mayor población está más alejada a nuestra posición geográfica. Independientemente que se trate de mercados distintos, habrá que diseñar el mejor sistema de transporte  y convenir con Chile la salida por el Pacífico. En este caso el transporte tiene un rol estratégico y debería decidirse si se construyen los medios en el país o se terceriza.

 

       2. Es evidente que nuestra mayor ventaja comparativa está en el sector agrícolo ganadero, donde la agroindustria va teniendo cada vez más importancia. Pues es en este sector donde debemos concentrar la idea de la identidad productiva. El producto argentino, que incluye a los regionales, debe ser de excelencia. Para ello, debemos analizar el grado de dependencia que tenemos en circuito productivo y tratar de generar una industria nacional que sea eficaz proveedora de insumos.

El INTA y el CONICET deberían ser los entes activos en el desarrollo permanente del sector, mejorando los sistemas productivos y agregando la posibilidad de generar nuevos subproductos.

Otra ventaja comparativa es la de producción de equipos de alta tecnología, que desarrolla el INVAP. Hay que alentar a este sector, para convertirnos en proveedores destacados de estos productos y aprovechar el potencial de nuestra comunidad científica. La industria del conocimiento, en todas sus variantes, pasará a tener un rol importantísimo en el contexto global. La tecnología avanza a pasos agigantados  y estar a la vanguardia nos aportará verdaderas ventajas.

 

En sentido contrario, no podremos competir con productos tecnológicos que se producen a gran escala (Teléfonos y Computadoras). No obstante, podremos incursionar en materia de software como complemento de éstos.

 

         3. De nuestro intercambio comercial surgen algunos desequilibrios comparativos con otros paises. De hecho, no hay país o región económicamente importante en el mundo con el que no tengamos déficit comercial. Lo tenemos con EE.UU., Unión Europea, China, Japón, Brasil y México. Tanto África como Medio Oriente nos son a favor.

Si nos trasladamos al punto 1. Observaremos que los países con los que tenemos déficit comercial son de alta densidad poblacional, pués alli se debe incrusionar en el interés de los productos argentinos. Salvo China, será difícil transar con productos del sector agrícolo ganadero porque tienen un mercado interno protegido. Pues entonces habrá que diseñar una estrategia con otros productos.

En el caso especial de Brasil, nuestro mayor desequilibrio está en el sector automotriz. Esto nos hace pensar que, debemos vitalizar la industria de autopartes generando no sólo motores y cajas de velocidades sino partes y accesorios de alta tecnología.

 

        4. Comparativamente, nuestra población resulta escasa  por la extensión geográfica que tenemos. De esto subyacen dos aspectos, nuestro potencial de consumo interno es relativamente pequeño y nuestra capacidad productiva excede con creces a este mercado.  Esta ecuación hace pensar que nuestra orientación productiva debe ser hacia el mercado externo. Pero, para que la ecuación nos aporte bienestar, debemos agregar mano de obra a nuestros productos de exportación y generar una adecuada industria local de productos básicos.

 

        5. Qué produciríamos está bastante aclarado en el punto 2. cuando se detallaron las ventajas comparativas. Pero esos bienes están orientados al mercado externo. Podremos redefinir la producción naviera, aeronáutica, de armamentos y la ferroviaria como el renacimiento de lo que alguna vez hacíamos. Por otro lado, se podría reforzar la producción de la línea blanca de electrodomésticos, sanitarios y productos para la construcción. Estos últimos productos deberían estar ligados a la tecnología innovadora como para participar también en el mercado externo. La ropa y calzado de cuero deben ser destacados productos argentinos.

 

         6. El Estado debería garantizar el equilibrio fiscal y el descenso de la presión impositiva. Esto mejoraría la ecuación para el crecimiento económico y el  ofrecimiento de  más trabajo. Por otro lado, sin dejar de cumplir su rol básico en cuanto a a salud, educación y justicia, debería ir disminuyendo su peso en el gasto con mejores prestaciones pero más eficiente. El avance de la tecnología no le va a escapar al Estado y con el paso del tiempo se van a necesitar menos agentes dependientes. Lo que hay que lograr es el equilibrio en el traslado de agentes del Estado al sector privado.

 

Debería tenerse claro la disminución  al mínimo posible de los subsidios y planes sociales, reemplazándolos con trabajo efectivo.

En este esquema y por todo el tiempo que dure el reacomodamiento económico social, el Estado no puede ser prescindente y debe garantizar el objetivo que socialmente se convenga.

 

          7. En principio se debería establecer un orden social con claras y determinadas prestaciones del Estado. En el caso de los partidos políticos, se debería reformar la Ley 23298 que regula su constitución, incorporando un articulado que obligue a la formación política, dentro de cada línea de pensamiento, pero teniendo en claro que algún día se podrá ejercer la función pública  y esos conocimientos podrán ser un servicio a la comunidad. Los políticos  deben estar preparados como cualquiera que necesite idoneidad para ocupar un puesto de trabajo. Esta escuela política exaltaría la calidad de los mejores preparados y no necesitarían tantos asesores  en caso de ocupar puestos  de representación popular.

Las instituciones gubernamentales deberían ser replanteadas en su totalidad. El paso del tiempo y las malas prácticas generaron deformaciones y  terminaron perdiendo el objetivo primario por lo que fueron creadas.

Las instituciones deben ser merecedoras del máximo respeto y deben dar prueba de garantizar derechos  y mantener un orden social sin discusiones.

 

Estos puntos no son excluyentes. La definición del sistema educativo, del rol de la Fuerzas Armadas y de la Justicia, son ineludibles a la hora de convenir un nuevo contrato social.                                            

 

 

 

 

 

 

 

 

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