Buzos extraordinarios

Tecnología agroalimentaria

La increíble granja "tecno" que hace crecer tomates en el desierto

Gracias al sol y al agua de mar, dos innovadores lograron producir más de 90 millones de tomates por año, en la zona más árida de Australia. ¿Se puede aplicar este sistema en la Argentina?

 

Por Jorgelina Do Rosario 10 de noviembre de 2016

jdorosario@infobae.com

 

En el plato de pastas de la abuela, en la ensalada mixta que acompañó el asado con la familia el fin de semana pasado, en la pizza compartida con amigos y hasta en las papas fritas con ketchup. El tomate, la fruta más consumida del mundo, marca su presencia en la mesa de los argentinos.

No hay misterio en cómo esta hortaliza nativa del continente americano crece en suelo local. Cultivada en invernaderos o en el campo al aire libre, viaja en camiones desde suelos fértiles de provincias como Salta, Jujuy, Corrientes, Buenos Aires, Mendoza, Río Negro y Santiago del Estero.

Pero a 12.300 kilómetros de Buenos Aires, una empresa revoluciona el mercado global: cultiva tomates en el medio del desierto tan sólo con agua de mar y la luz del sol. Ah…y con la ayuda de mucha, pero mucha innovación tecnológica.

Philip Saumweber -el CEO alemán con acento americano- y Reinier Wolterbeek -un ingeniero hidráulico de origen holandés- están al frente de un proyecto que empezó hace seis años en un terreno árido de 20 hectáreas en Port Augusta, en el sur de Australia. Las condiciones no están dadas para que allí crezca un solo tomate. El verano es muy cálido, el invierno muy frío. La empresa Sundrop Farm demostró lo contrario: los ocho camiones diarios que llena por día son en un año 15.000 toneladas, equivalente a un 15% de lo que se consume en el país.

¿Cómo lo hacen? 23.000 espejos cóncavos dirigen y concentran la energía del sol en una torre blanca de 115 metros, casi 40 pisos en el medio de la nada. Esa energía convierte el agua que se extrae del mar por tuberías en agua lista para regar cultivos y controlar la temperatura del invernadero donde crecen 90 millones de tomates durante los 365 días.

 

Australia y Argentina, primos lejanos

La posibilidad de producir comida en el medio del desierto plantó la bandera de la agronomía del futuro. Con el espíritu de "sacar algo de la nada" en un contexto de escasez de recursos y calientamiento global, los tomates nacen sin recurrir a combustibles fósiles, pesticidas ni un suelo apto, y las 18.000 plantas luego crecen en cultivos hidropónicos que se fertilizan dentro de cáscaras de coco.

Este proyecto ya se está pensando para otros cultivos, como pimientos y pepinos. Con el nuevo impulso de las energías renovables en la Argentina, ¿podrían crecer tomates, por ejemplo, en zonas áridas de la Patagonia?

 

Aunque la brecha que separa a las dos economías es amplia, Argentina y Australia ven reflejadas en un espejo algunas características en común.

Pablo Gerchunoff, economista e historiador de la Universidad Torcuato Di Tella, describe en su ensayo "Encuentros y desencuentros de dos primos lejanos" las condiciones que comparten las dos naciones del hemisferio sur a pesar de la distancia geográfica: naciones jóvenes, grandes territorios con escasa población, abundancia de recursos naturales, productores de materia prima y una fuerte incidencia inmigratoria.

El economista y consultor en agronegocios, Iván Ordóñez, asegura que el eje Rosario La-Plata está "naturalmente" preparado para producir tomate durante el verano. "La zona consume el 40% de la horticultura del país, y cuando es invierno, el tomate fresco llega principalmente desde el noroeste", especifica en diálogo con Infobae.

 

La agronomía que desafía a la naturaleza

Del color verde al rojo, los cherrys, peritas, redondos de quintas familiares empiezan a madurar en La Plata. Salvador Vides se abre paso entre los primeros tomates y recorre con Infobae los nuevos resultados de la cosecha de 2016. "El clima y las tierras son aptas para que el tomate crezca. Acá se produce en verano, pero tenemos la suerte de tener las condiciones climáticas en el país para que se produzca durante todo el año", asegura este productor y titular de la Asociación Platense de Horticultores Independientes.

Más allá del espejo en el que se puede ver reflejado el país, Ordóñez detectó tres barreras que impiden el desarrollo de "granjas solares" en zonas desérticas de la Argentina: la competitividad por el óptimo clima de las zonas productoras, el costo del flete hasta los centros de consumo y la alta informalidad del sector. "Las actuales zonas productoras no requieren grandes inversiones en activos físicos para ser viables". Y un proyecto como Sundrop sí: la infraestructura en el desierto demandó USD 200 millones,cuyo 50% fue financiado por un grupo de inversores. 

Y ya tienen su propia década ganada: durante 10 años, la empresa venderá de forma exclusiva y a un precio fijo sus tomates a la cadena de supermercados Coles. 

Este microclima que desafía el calor y las heladas se expande en Australia, y se está construyendo en los Estados Unidos y Portugal. Hacer más con menos en tierras áridas alrededor del mundo parece ser, más allá del tomate, el desafío de los próximos años. ¿Será éste el cultivo del futuro?

—¿Qué opina si le digo que en el sur de Australia están cultivando tomates en el medio del desierto?

Vides se toma unos segundos. Piensa, pero no duda. "Con las tecnologías, no me sorprende. Estamos bendecidos de tener tierras tan fértiles en la Argentina. Me acuerdo de una frase de cuando era joven…La tierra no es de nosotros, la tenemos prestada de nuestros hijos: hay que cuidarla"

 

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